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Salí hasta el portón para despedirlos y mis ojos se detuvieron junto al verdín que corría alrededor de las ruedas del auto. Se dieron la mano con el cura y el coche arrancó hasta perderse en el horizonte. "Que ganas de correr tras ellos, pensé, pero mi venganza no me lo permitía. Tenía que ser sacerdote. Había decidido entrar fuera de época de clases cuando el colegio estaba semivacío, y solo quedaban los huérfanos y los que vivían en el interior, o los que eran muy pobres.
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